Thursday, December 02, 2004

La medusa

Por Ana Fouroulis


Ella era azul, tenía la ligereza de un cometa y sus filamentos relucían al ser iluminados por el sol del atardecer que se filtraba en el agua: brillantina que se convertía en más brillantina y dejaba una estela tras de sí. Así la soñaba yo, día tras día.
Hubiera deseado en cada sueño enredarme en sus tentáculos urticantes, hundirme en lo profundo de su gelatina espesa e introducirme en su boca ávida para ser devorado, no había visto nunca algo tan bello.
Era imposible resistir a sus encantos y cada noche me sumergía más tiempo en aquel mundo nuevo y hostil para volver al mío cuando llegaba la mañana. Durante la vigilia, lo único que deseaba era volver a verla. Aquella noche sería diferente, lo había decidido: quería gozarla para siempre y sin pausas. Cuando la vi aparecer, trémulo y ansioso, y la tomé entre mis manos, ella abrió enorme su boca y se metió en mi boca.

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