Thursday, December 02, 2004
Alfileres
Por Nicolás Sabuncuyán
Llegó sin demasiadas ilusiones, lo único que quería era sacarse el problema de la cabeza. Tanto le había insistido su amigo en que dejara un currículum en la editorial donde trabajaba que finalmente lo llevó. Miró el papelito antes de entrar, tratando de retener el nombre y el número de interno. Después de atravesar la puerta se hizo anunciar. La recepcionista le pidió que aguardara en los sillones, aunque estaban ocupados. Esperó cerca de uno hasta que el hombre al que había ido a ver apareció desde un pasillo largo y se presentó con un apretón de manos.
Pasaron a su oficina. El jefe de personal le pidió que le contase de sus primeros trabajos. Él no dijo toda la verdad, su primer trabajo había sido a los cinco años, juntando alfileres con un imán por debajo de la mesa de costura de su vecina. El pago era en especias: ella le permitía volver a tirar los alfileres para volver a juntarlos. Por supuesto que no podría mencionarlo, era una concepción del trabajo muy poco adecuada a los tiempos que corren.
El jefe le hizo otras preguntas que no tardó en responder, no porque supiera las respuestas sino porque no tenía ganas de pensarlas. Su amigo suponía que le estaba haciendo un gran favor y por ello debía comportarse, por lo que soportó la entrevista hasta el final. El hombre lo acompañó a la recepción. Vio un alfiler tirado en el piso y sintió deseos de agacharse a levantarlo. Ese sí era un trabajo digno, y su vecina nunca escamoteaba el pago, siempre lo dejaba volver a tirar la cantidad que quisiera. Lamentó no tener su antigua herramienta de trabajo, hubiera sido una ocasión ideal para demostrar su talento.
Repentinamente, sintió una mano que lo devolvió a la realidad. Era su amigo con una gran sonrisa. Lo invitó a conocer el depósito, su área de trabajo para poder conversar un rato. Le dijo palmeándolo mientras bajaban las escaleras caracol: ―Este es un trabajo ideal para vos. Él pensó que el único trabajo ideal que había conocido era el de juntar alfileres en la casa de su vecina a los cinco años. Cada vez lo hacía mejor, era intrépido como pocos en esa tarea. Sin embargo, asintió para darle el gusto.
Llegó sin demasiadas ilusiones, lo único que quería era sacarse el problema de la cabeza. Tanto le había insistido su amigo en que dejara un currículum en la editorial donde trabajaba que finalmente lo llevó. Miró el papelito antes de entrar, tratando de retener el nombre y el número de interno. Después de atravesar la puerta se hizo anunciar. La recepcionista le pidió que aguardara en los sillones, aunque estaban ocupados. Esperó cerca de uno hasta que el hombre al que había ido a ver apareció desde un pasillo largo y se presentó con un apretón de manos.
Pasaron a su oficina. El jefe de personal le pidió que le contase de sus primeros trabajos. Él no dijo toda la verdad, su primer trabajo había sido a los cinco años, juntando alfileres con un imán por debajo de la mesa de costura de su vecina. El pago era en especias: ella le permitía volver a tirar los alfileres para volver a juntarlos. Por supuesto que no podría mencionarlo, era una concepción del trabajo muy poco adecuada a los tiempos que corren.
El jefe le hizo otras preguntas que no tardó en responder, no porque supiera las respuestas sino porque no tenía ganas de pensarlas. Su amigo suponía que le estaba haciendo un gran favor y por ello debía comportarse, por lo que soportó la entrevista hasta el final. El hombre lo acompañó a la recepción. Vio un alfiler tirado en el piso y sintió deseos de agacharse a levantarlo. Ese sí era un trabajo digno, y su vecina nunca escamoteaba el pago, siempre lo dejaba volver a tirar la cantidad que quisiera. Lamentó no tener su antigua herramienta de trabajo, hubiera sido una ocasión ideal para demostrar su talento.
Repentinamente, sintió una mano que lo devolvió a la realidad. Era su amigo con una gran sonrisa. Lo invitó a conocer el depósito, su área de trabajo para poder conversar un rato. Le dijo palmeándolo mientras bajaban las escaleras caracol: ―Este es un trabajo ideal para vos. Él pensó que el único trabajo ideal que había conocido era el de juntar alfileres en la casa de su vecina a los cinco años. Cada vez lo hacía mejor, era intrépido como pocos en esa tarea. Sin embargo, asintió para darle el gusto.
