Friday, July 30, 2004
Taller de sueños
Coordinado por: Carmen Crouzeilles
Bajo el ala prolífica de Hypnós, dios de los sueños, les propongo este Taller de sueños. La propuesta consiste en juntarnos dos horas semanales para escribir, leer, discutir y crear en torno a las formas oníricas de la creatividad. El interés por los sueños y su potencialidad creativa es, por supuesto, muy antiguo. Por eso, nos interesará sin dudas recorrer algunas de esas tradiciones literarias, teóricas y hasta supersticiosas para alimentar nuestra escritura. Un punto de partida propuesto serán las experiencias del Surrealismo, que datan de los comienzos del siglo XX. Hay mucho para decir sobre esto. Adelanto una anécdota famosa, narrada por André Breton: el poeta surrealista Saint-Pol-Roux, en el momento de irse a dormir, hacía colocar en la puerta de su dormitorio un cartel que decía: “El poeta trabaja”. Adelanto, también, el primer párrafo del Primer Manifiesto del Surrealismo:
"Tanto va la fe a la vida, a lo que en la vida hay de más precario –me refiero a la vida real- que finalmente esa fe se pierde. El hombre, soñador impertinente, cada día más descontento de su suerte, da vueltas fatigosamente alrededor de los objetos que se ha visto obligado a usar, y que le han proporcionado su indolencia o su esfuerzo; casi siempre su esfuerzo, ya que se ha resignado a trabajar o, por lo menos, no se ha obligado a tentar su suerte (¡lo que él llama su suerte!). Una gran modestia constituye actualmente su patrimonio; sabe cuáles son las mujeres que ha poseído y en qué ridículas aventuras se ha enredado; tanto su fortuna como su pobreza le son indiferentes –pareciéndose en esto a un niño recién nacido-, y en cuanto a la aprobación de su conciencia moral, admito que prescinde de ella sin gran esfuerzo. Si conserva cierta lucidez no le queda sino volverse para mirar atrás, hacia su propia infancia que, por mutilada que haya sido gracias a los cuidados de sus domadores, no por eso deja de parecerle llena de encantos. En ella, la carencia de cualquier rigor conocido le otorga la perspectiva de vivir varias vidas simultáneas; se arriesga en esta ilusión y sólo quiere saber de la facilidad instantánea y extrema de todas las cosas. Cada mañana los niños parten sin preocupación. Todo está cerca, las peores condiciones materiales resultan maravillosas. Los bosques son blancos o negros, no se dormirá jamás.
Aunque es cierto que no se puede llegar tan lejos, las amenazas se acumulan y uno cede, uno abandona parte del terreno a conquistar. Aquella imaginación, que no reconocía límites, ahora sólo se la dejan utilizar subordinada a las leyes de una utilidad arbitraria; incapaz ella de asumir por mucho tiempo empleo tan inferior, generalmente prefiere, cuando el hombre cumple veinte años, abandonarlo a su destino sin luz." (Breton; 1924)
Ochenta años después, al leerlo, sigo encontrando en este texto tramos de una verdad desafiante. El desafío consiste en nutrir y hacer funcionar aquella imaginación que Breton describe tan amenazada, alienada por hábitos, el pensamiento utilitario, el trabajo mecánico; el desafío consiste, para nosotros, en escribir. Partimos, entonces, en busca de detonantes de escritura, de imaginación, de relatos. En esa búsqueda, sin duda influenciados por el propio surrealismo en un comienzo pero también por una literatura más reciente, por el cine y por la teoría, nos encontramos con un tema lo suficientemente amplio como para convocar a la imaginación sin fronteras.
Así fue como comenzó la idea de este taller de sueños: la certeza de que los sueños no dejan de proliferar, insistir, elaborar, atormentar, excitar, confundir, sorprender, divertir, asustar, preocupar deviene rápidamente en la certeza de que los sueños, sus interpretaciones, las teorías que los envuelven pueden todavía funcionar como detonantes de escritura. De eso se trata. Por eso, este taller contará con una bibliografía y una filmografía limitada pero abierta a sugerencias que puedan ir surgiendo a lo largo de los encuentros. Visitaremos esos textos y películas tanto para alimentar la escritura, como la mirada crítica sobre la escritura: la discusión tiene que poder volverse apasionante, para lo cual es necesario que cada uno pueda alimentar su punto de vista estético, su estilo.
En cada uno de mis talleres intento que cada participante fortalezca y defina su gusto –lo que considero el primer paso para la elaboración de un estilo-, y vaya de a poco encontrando los rasgos para reconocerlo en la escritura de otros, las herramientas para producirlo en la escritura propia, y los argumentos para sostenerlo en la discusión.
Antes que un taller temático, el Taller de sueños es un taller de escritura. En ese sentido, nos interesa la búsqueda de una voz, además de los problemas generales de la composición del texto escrito tales como la estructura narrativa, la construcción del suspenso, el manejo de imágenes y demás herramientas provistas por la retórica.
Nuestras reuniones serán de lectura, tanto de la producción propia como de la de otros autores, de discusión y de escritura en el taller en algunos casos –aunque el grueso de la producción escrita sea una tarea a realizar durante la semana, en la tranquilidad solitaria que conviene en general al escritor.
Coordinado por: Carmen Crouzeilles
Bajo el ala prolífica de Hypnós, dios de los sueños, les propongo este Taller de sueños. La propuesta consiste en juntarnos dos horas semanales para escribir, leer, discutir y crear en torno a las formas oníricas de la creatividad. El interés por los sueños y su potencialidad creativa es, por supuesto, muy antiguo. Por eso, nos interesará sin dudas recorrer algunas de esas tradiciones literarias, teóricas y hasta supersticiosas para alimentar nuestra escritura. Un punto de partida propuesto serán las experiencias del Surrealismo, que datan de los comienzos del siglo XX. Hay mucho para decir sobre esto. Adelanto una anécdota famosa, narrada por André Breton: el poeta surrealista Saint-Pol-Roux, en el momento de irse a dormir, hacía colocar en la puerta de su dormitorio un cartel que decía: “El poeta trabaja”. Adelanto, también, el primer párrafo del Primer Manifiesto del Surrealismo:
"Tanto va la fe a la vida, a lo que en la vida hay de más precario –me refiero a la vida real- que finalmente esa fe se pierde. El hombre, soñador impertinente, cada día más descontento de su suerte, da vueltas fatigosamente alrededor de los objetos que se ha visto obligado a usar, y que le han proporcionado su indolencia o su esfuerzo; casi siempre su esfuerzo, ya que se ha resignado a trabajar o, por lo menos, no se ha obligado a tentar su suerte (¡lo que él llama su suerte!). Una gran modestia constituye actualmente su patrimonio; sabe cuáles son las mujeres que ha poseído y en qué ridículas aventuras se ha enredado; tanto su fortuna como su pobreza le son indiferentes –pareciéndose en esto a un niño recién nacido-, y en cuanto a la aprobación de su conciencia moral, admito que prescinde de ella sin gran esfuerzo. Si conserva cierta lucidez no le queda sino volverse para mirar atrás, hacia su propia infancia que, por mutilada que haya sido gracias a los cuidados de sus domadores, no por eso deja de parecerle llena de encantos. En ella, la carencia de cualquier rigor conocido le otorga la perspectiva de vivir varias vidas simultáneas; se arriesga en esta ilusión y sólo quiere saber de la facilidad instantánea y extrema de todas las cosas. Cada mañana los niños parten sin preocupación. Todo está cerca, las peores condiciones materiales resultan maravillosas. Los bosques son blancos o negros, no se dormirá jamás.
Aunque es cierto que no se puede llegar tan lejos, las amenazas se acumulan y uno cede, uno abandona parte del terreno a conquistar. Aquella imaginación, que no reconocía límites, ahora sólo se la dejan utilizar subordinada a las leyes de una utilidad arbitraria; incapaz ella de asumir por mucho tiempo empleo tan inferior, generalmente prefiere, cuando el hombre cumple veinte años, abandonarlo a su destino sin luz." (Breton; 1924)
Ochenta años después, al leerlo, sigo encontrando en este texto tramos de una verdad desafiante. El desafío consiste en nutrir y hacer funcionar aquella imaginación que Breton describe tan amenazada, alienada por hábitos, el pensamiento utilitario, el trabajo mecánico; el desafío consiste, para nosotros, en escribir. Partimos, entonces, en busca de detonantes de escritura, de imaginación, de relatos. En esa búsqueda, sin duda influenciados por el propio surrealismo en un comienzo pero también por una literatura más reciente, por el cine y por la teoría, nos encontramos con un tema lo suficientemente amplio como para convocar a la imaginación sin fronteras.
Así fue como comenzó la idea de este taller de sueños: la certeza de que los sueños no dejan de proliferar, insistir, elaborar, atormentar, excitar, confundir, sorprender, divertir, asustar, preocupar deviene rápidamente en la certeza de que los sueños, sus interpretaciones, las teorías que los envuelven pueden todavía funcionar como detonantes de escritura. De eso se trata. Por eso, este taller contará con una bibliografía y una filmografía limitada pero abierta a sugerencias que puedan ir surgiendo a lo largo de los encuentros. Visitaremos esos textos y películas tanto para alimentar la escritura, como la mirada crítica sobre la escritura: la discusión tiene que poder volverse apasionante, para lo cual es necesario que cada uno pueda alimentar su punto de vista estético, su estilo.
En cada uno de mis talleres intento que cada participante fortalezca y defina su gusto –lo que considero el primer paso para la elaboración de un estilo-, y vaya de a poco encontrando los rasgos para reconocerlo en la escritura de otros, las herramientas para producirlo en la escritura propia, y los argumentos para sostenerlo en la discusión.
Antes que un taller temático, el Taller de sueños es un taller de escritura. En ese sentido, nos interesa la búsqueda de una voz, además de los problemas generales de la composición del texto escrito tales como la estructura narrativa, la construcción del suspenso, el manejo de imágenes y demás herramientas provistas por la retórica.
Nuestras reuniones serán de lectura, tanto de la producción propia como de la de otros autores, de discusión y de escritura en el taller en algunos casos –aunque el grueso de la producción escrita sea una tarea a realizar durante la semana, en la tranquilidad solitaria que conviene en general al escritor.

